jueves, 5 de enero de 2012

Nuestro cauce

Volcaría el mar por ti,
para que vieras los peces volar.

Secaría los glaciares por ti,
para que vieras el agua sobrar.

Traería la luna por ti,
para que el mundo pudieras agarrar.

Mojaría el desierto por ti,
para que tus pies pudieran respirar.

Daría mi vida por ti,
para que tu corazón pudiera aguantar.

La medicina consigue que sigamos el cauce de nuestra vida... Gracias una vez y un millón más!!!!

ReBlandas

Blandas son las sombras
que tu semblante desdibuja,
sombrías son las huellas
que tu respiración estruja.

Blandas son las sonrisas
que tus labios dejan escapar,
sonrisas de haberlas encontrado,
mal dichas por no tenerlas a su lado.

Blandas son tus pupilas
al encontrarse sin más,
avistando el sol de invierno,
ese que no volverá jamás.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Relatos de la Gauche Divine



Finalmente topé con él. Ladrillos de naranja pluma y piel acartonada. Hospicio de verano en un cielo condensado por la oscuridad de la noche.
Abrí la puerta desesperadamente como si tuviera un asaltador apuntándome con un revolver en la sien. El vaho de las ventanas parecía estar disecado por la soledad inminente de aquel ambiente estremecedor. Camine un par de pasos a la derecha, tres al frente. Me detuve.
Tan solo había estado trece años en coma, y la vida había vuelto a girar. Sentí un nudo en la garganta, tenía ganas de vomitar los años perdidos y volver a empezar. Quería estar con Gabriel. Enlazar mis manos en su cuello y vivir así para el resto de mi vida. Como en al foto, cuando aún me amaba.
Los años en el hospital pasaron en vano. Mi semblante vegetativo dejó de impresionar a Gabriel.
Antes del accidente vivíamos momentos de dictadura, donde la política de ley manipulaba la expresión. La excentricidad sociológica que acontecía a principios de los años 70, convivía con una ya más relajada autarquía, antagonista contra la “gauche divine”.
Gabriel y yo, éramos portavoces de un grupo revolucionario que presumía de airear una ideología marxista revolucionaria, acompañada de un  ligero y exacerbado anarquismo “Bakuniense”.
Habíamos comprado un pequeño estudio en Rosellón, pestaña de una Barcelona cuadrática, y lo habilitamos como centro de reunión de amigos e intelectuales, cafés contenciosos de sabiduría, ambiente de posguerra. Colita, Tusquets, Regás y Gabriel maquinaban el golpe a la revolución cultural de forma sigilosa, dialogaban de católicos y marxistas mientras cocinaban steak-tartar.
Me consideraba una mujer fresca de mente, con un odio horrible a la maxifalda y una habilidad extrema para comentar mis partenaires sexuales con aquellos que lo desearan.
Había llegado el momento. La tristeza aún sacudía mi rostro pero los pensamientos se fueron calmando. Trate de sanar mi conciencia, pero no supe. Quería ir al estudio, pero no llegué.

Granada

Reviste mi pisada de estrechos adoquines,
remueve el azahar que de su tierra emana,
Granada aire de mi alma gitana.

Calles que despiertan mi asombro,
cármenes que invitan a vibrar,
miradas que se cruzan y se van.

Bajo la Alhambra nos besamos,
con los labios apunto de estallar,
el principio de Iñidia comenzó a sonar.

Reviste mi sonrisa con tus ojos,
remueve el sonrojo de mis pómulos,
Granada aire de mi alma eterna.





lunes, 12 de diciembre de 2011

Volví a ser mía

Dejé de necesitar tu sonrisa,
incluso reí cuando el mar sollozaba de partida.

Dejé de estremecerme con tu recuerdo,
acordé con mi cuerpo que rechazaría tu lamento.

Dejé de morirme por dentro,
mis manos se entrelazaban sin miedo.

Volví a ser mía, a tenerme afecto,
todavía cuando las heridas ardían en mi cuerpo.

NO a la violencia de género






Retales de una noche

Marinero de agua salada,
agridulce a mi pesar,
tan solo fueron sollozos,
del mar que quiso gritar.

Océano de nuestro encuentro,
que tantas veces me hizo suspirar,
arias de mar de fondo,
de tu recuerdo a mi pesar.

Marinero de agua salada,
fuiste viento de mi sal si miento,
derroche de nuestro deseo,
condimento de mi lamento.